Es una putada!
Es una putada!. Es así como definía mi amiga Beli lo que le acababa de pasar.Como la mayoría de nosotras, la vida no le ha sido fácil. Su caracter amable y condescendiente además de generoso no le había reparado más que un olvido de sí misma, para vivir la vida a través del desamor y envolverse en la amargura, cayendo en pequeñas obsesiones que le condicionaban.
Joven, idealista, inquieta, a los 18 se enamoró locamente de él, Jaime, y él de ella, pero el tiempo, las dificultades, las separaciones semanales por el trabajo de él y la educación de ambos, hicieron un abismal agujero en su relación. Ella, porque es de aquellas de las últimas generaciones que les han enseñado a servir a su familia, a su marido, a condescender. Él porque no ha sido capaz de evolucionar y ha dado prioridad a su familia por encima de su pareja e hijos, envuelto en el influjo de un matriarcado proviniente de una familia numerosa, huerfana de padre desde la infancia.
Tras años de desamor y amargura coincidiendo que él se había hecho tirano, exigente, y egoísta, influido negativamente por los suyos, ella decide después de no muchas advertencias y amenazas, dar el paso y separarse. Un paso difícil después de una convivencia de más de veinte años y dos hijos y una educación que pesa más que la propia vida. Él, en ningún momento intenta recapitular y recuperar enmendando lo perdido. Ejerce de victima pero actúa como lo hace un tirano. Ciego por el odio, separa a sus hijos, llevándose con sobornos y chantajes emocionales al mayor, qué mejor manera de hacer daño a su ex!. Estoy segura que ni siquiera es consciente de la verdad, que obra ensimismado por su propio deterioro y los malos consejos de quienes dicen que le quieren, lo cual me apena. Pero a pesar de esto, no es lo peor que le ha sucedido a Beli.
Al fin, después de dos años, y constantes luchas legales, enfrentamientos que resuelve su abogada, debido al empeño y la obsesión que Jaime tiene por herirla, consigue centrar su vida en su hija pequeña, Miriam, pués Carlos el mayor, influido por su adolescencia , por su padre y sus sobornos , incurre en alejamiento y desinterés hacia su madre, la cual, lejos de influirle no le hace reproches, pero su dolor se estanca. Ahora que empieza a ser ella, que ya no se guarda tantas cosas y al final le hace saber a su hijo, ahora que tiene planes futuros, que está centrada, la vida le juega una mala pasada. Un cáncer de mama ha paralizado todo en seco, ha dado un giro de 360 grados su vida. Eso que oímos que le pasa a otras, nos puede pasar a cualquiera de nosotras, y esta vez le ha tocado a Beli.
En diciembre me llamó aterrada porque se descubrió un bulto. Después de las pruebas pertinentes le dijeron que no era más que un pequeño quiste que no se preocupara pero que debía vigilarlo y seguramente con el tiempo extirparlo. A los tres meses aquello cambia y la operan rapidamente, y ha de enfrentarse a la primera de las noticias: es un “tumor maligno”, pero no es todo, hay que analizar los ganglios. Eso después de el susto que se llevó cuando le dijeron que tenía que pasar por quirófano y que les autorizara a tomar cualquier decisión sobre su mama en el transcurso de la operación, hecho que ella no consintió, necesitaba prepararse si habían de quitarle le pecho y no despertarse sin él.
Comienza a mentalizarse de que ha de ser sometida a quimioterapia y a sus efectos secundarios, y que el tratamiento dependerá si la prueba de la metástasis da positiva o negativa. Hablamos con bastante frecuencia y nos enviamos emails, y os juro que en esas circunstancias te sientes impotente y no sabes que decirle para ayudarle, asi que empatizas y piensas en qué necesitarías tu, y no es más que apoyo y naturalidad. Ella me dijo que se echó a llorar desconsoladamente cuando pensó que se quedaría calva, y que después pensó : que tontería si lo que quiero es vivir!, es lo único que me importa.
Que la vida le diera otra oportunidad era lo único que le importaba. Le preocupaba el dolor que estaba causando a todas las personas de su alrededor, a sus hijos, pero sobre todo a su madre, ver un hijo enfermo es lo más duro de la vida. Incluso en este momento, Beli se permitía en pensar en los demás.
- Esto es una putada! , me decía, Mi vida ha cambiado de un día para otro, ha dado un giro completo y tengo que pensar en cuidarme para vivir.
Los días de espera al resultado de las pruebas fueron angustiosos, pero la vida le ha otorgado esa oportunidad y se enfrentará a una quimio preventiva pués gracias a Dios! -pensaba ella,-no tengo metástasis!, en mayusculas nos escribió un mail a todos sus amigos, además de decirnoslo por teléfono.
Su tono de voz había cambiado. Ahora podía enfrentarse al teléfono sin emocionarse, sin llorar, estaba dispuesta a luchar. Entre tanto, ella había comenzado a cambiar su alimentación, a informarse del proceso, de los cuidados, de los efectos secundarios. Se había comprado una peluca después de cortarse el pelo de la manera que quería la peluca, y le había pedido a sus hijos que por el día de la madre le regalaran pañuelos para la cabeza. Según iba coincidiendo con sus hermanos y amigos les mostraba la peluca para que le dijeran qué les parecía, de ninguna de las maneras querría parecer diferente después. Ahora que sabía que no tenía metástasis, que estaba limpia, podría ir a la oficina a saludar a sus compañeros que no habían dejado de telefonarla y de paso, les enseñaría la peluca.
Quien puede decir si esto no es un gesto de valentía y arrojo.
Yo para mis adentros pensaba que ella brindaría, nos brindaría a todos con su enfermedad una oportunidad de aprender algo, le dije con ánimo de consolarla que a lo mejor esto haría que su hijo se diera cuenta de la madre que tiene y se acercaría más a ella, a lo cual, con toda la razón me respondió:
- si, pero hay otras maneras de que aprenda sin necesidad de tener yo un cáncer, porque esto no deja de ser una gran putada.
Y tiene toda la razón. Pero sigo pensando que tiene que haber algo, un por qué.
Ella, unos días después me comentó, que se había dado cuenta de los amigos que tiene, que siempre piensas que están pero que realmente no sabía que eran tantos los que la querían. Que admiraba a su madre por estar acompañándole en todo momento sin decaer, siempre con la sonrisa en los labios y el buen humor puesto, aunque amaneciera con los ojos hinchados. Que sus hermanos también estaban ahí. Que su niña le había dicho que no se preocupara que ella le ayudaría a anudar los pañuelos en su cabeza. Que se había dado cuenta de lo poco que se había querido y cuidado, y que ahora las cosas que eran prioritarias se habían convertido en secundarias y viceversa. Que se le han abierto los ojos percibiendo que la felicidad está en los pequeños momentos del día a día. Hoy me ha mandado uno de esos correos de cadena, que seguramente se lo ha enviado a ella algún amigo que la quiere, y se titula “cuando me amé de verdad”. Lo que demuestra su entereza y valentía y que a pesar de que pueda parecer sensiblero está lejos de toda ñoñería, porque es verídico, auténtico y de este momento.
En una de mis conversaciones le pregunté por Jaime, si él la había llamado, con la esperanza que este hecho hubiera ablandado su corazón y le hubiera hecho capaz de sentir su compasión. Me dijo que no, que solo una vez habló con él y por casualidad que ella cogió el teléfono recién operada, fue correcto, le deseó que se mejorara y que si necesitaba algo que ya sabía. Ella después de esa conversación intuyó que él siguiendo impulsos equivocados, pudiera ser capaz de utilizar su enfermedad para quitarle la custodia de su hija, no quería pensarlo, pero no se fía, y coincidió con algunos amigos comunes que sí habían recibido la llamada de Jaime después de la operación de Belli para “preocuparse “ por su estado. Ella alegaba que realmente siempre había sido así, que sentía pena por él, y que a pesar de todo le quería porque era el padre de sus hijos y había estado enamorada muchos años. Beli, era capaz de sentir por él la compasión que él no demuestra por ella. Quién está enfermo de verdad?.
Beli se ha enfrentado a su primera sesión de quimio bendiciendo todo lo que le inyectan, y no ha tenido, por el momento los desagradables efectos de las nauseas. Ella no se había querido nunca lo suficiente y ahora la vida le pone en la encrucijada de hacerlo pero nos ha regalado a todos sus jabones de aceites esenciales para que nos cuidemos. Acompañada de su madre y su hijo recibió la dosis de, como dice ella “ los botecitos de cervecita que la van a curar”, y ahora tendrá que hacer un paréntesis en su vida, mientras se recupera y supera “esta putada”.





s dijo
Respiro hondo después de leer,me conmueve,tanto dolor y tanta valentía.
30 Enero 2007 | 05:55 PM