LA QUEJA

Te levantas y afrontas el día de la mejor manera posible. Tiras del cuerpo y lo tonificas con el café. Mientras piensas: un día más sin llegar trabajo, un día más con las preocupaciones y problemas que ya no depende de ti la solución; un día más que has de tirar de tu cuerpo; que has de afrontar una inmensidad de tareas ingratas que no te realizan y que nadie te agradecerá…pero, no te vas a dejar llevar por el infortunio del momento y por esa fuerza que ha hecho confluir tantas desdichas en el mismo momento y tanto tiempo, así que lo mejor es buscar, o rebuscar, entre los recursos personales para salvar la situación y no hundirte en ella. El buen tiempo, la esperanza de abrir el correo y encontrar la respuesta a esas ofertas que no acababan de despuntar, una llamada telefónica que te da los buenos días, una canción, la lectura de la sobremesa, el cumplir pequeños objetivos que nadie percibe pero que realmente son importantes no solo para uno si no para el resto; el estar pendiente de todos, el mantener el eje firme para que el resto no decaiga; un paseo aunque sea a la oficina de correos; una licencia para darte un baño en la playa; un fluir por la creatividad en forma de letras, de pinceladas, de retoques en una misma que te reafirman y se envuelve en una armonía natural; una escapada a esas actividades que te buscas para no perder el equilibrio o la cabeza, aunque te cueste muchas veces tirar de tu fuerza de voluntad. Pero, cuando tienes todo encajado después de un gran esfuerzo, siempre llega la queja que revienta la intención pacífica de vivir (aún con la adversidad) y se convierte en un segundo en una pura supervivencia. Realmente es necesario estar constantemente quejándose de todo?. Comienza con el derecho que cree tener un individuo, que porque las cosas van saliendo mal puede castigar al que tiene al lado repitiendo una y otra vez la mala suerte y la desdicha que se sufre, y de pronto escuchas la queja de cualquier cosa que es obvia para todos y que el simple hecho de mencionarla la convierte en una situación más molesta y se hace más grande: el calor, el ruido, algo que se rompe, el coche que se estropea, algo que no sale, un conductor que nos pasa indebidamente; el tomar decisiones que no nos gustan (pero en el fondo son las que creemos que han de ser y las tomamos libremente)…una queja lleva a otra y a otra…y el que se queja te tortura como si fueras el culpable de la situación, como si no cargaras con tus propias quejas que te libras muy mucho de no convertirlas en sonido para no contaminar. Así que en cuestión de segundos te han cortado el aire que respiras, rompen tu concentración, y atentan contra el equilibrio del espacio en el que te encuentras, pues el quejica, empieza a calentarse a subir el tono, a enranciar el aire, a provocar la gresca. Por qué no encauza la mala leche en hacer algún plan que endulce un poco la amargura?,en ganarse al que tiene al lado para reir aunque sea de su propia situación, en no tirar piedras en su propio tejado?. La queja no mejora la situación y enferma tu sistema inmunológico (o el del que tienes al lado si le toca compartir la situación) Hay personas que necesitan quejarse de todo para justificar su amargura para culpabilizar al otro, por eso no se permiten licencia alguna de disfrute, de relax, de descanso mental, y la queja llama a más quejas, atrae como un imán que te encuentres en situaciones parecidas, una y otra vez porque nunca te liberas de ellas ni por unos segundos y envuelven todo lo que tocan. Lo peor es que roban la energía ajena, es tan contagiosa como un virus. Estas personas buscan no parar, en hacer actividades que nadie les solicita y en tono de sacrificio, para poder seguir quejándose porque no paran de hacer cosas “que hay qué hacer” y que tu no le agradeces, buscan tenerte en un puño con la ansiedad a flor de piel, porque es demasiado intentar comprender que pueda alguien estar sereno y relajado aun a pesar de las dificultades de una situación determinada. Solo se alimentan de la desesperación, de la propia y la provocada. Al final en vez de liberarse por un rato de la presión, la acrecientan y los problemas siguen estando en el mismo sitio pero con la emoción negativa que destruye cualquier despunte de ilusión. Y el día se ha echado a perder, por no buscar un momento de felicidad propia en cualquier cosa pequeña, y lo peor es que te lo ha echado a perder a ti y a los de tu alrededor. El problema de emitir constantes quejas en voz alta es que el emisor no escucha al que intenta disuadirle para que no crezca, y empieza a culpabilizarlo, y entonces te convierte en un abrir y cerrar de ojos en un iluso, en un irresponsable, o simplemente te dice que vives fuera de la realidad y que estas en las nubes, porque el que despotrica siempre es un realista en posesión de la verdad absoluta. Pero en el fondo es un ingenuo, pues se quedará completamente solo y vacío con su amargura, ya que jamás se dejará ayudar para mitigar su dolor, o su insatisfacción. La queja constante es el fruto de una educación represiva, basada en el sentimiento de culpabilidad, destructiva, negativa, que se nutre en el pensamiento de que ser feliz o sentirse bien es pecado. Hay que estar constantemente sufriendo y castigándose. Y sobre todo en una falta enorme de ingratitud por la vida, por lo que poseemos y no reparamos en ello, además de una falta de consideración y de respeto hacia el prójimo. He visto gente quejarse por cosas que realmente no tienen derecho a quejarse y he sentido vergüenza ajena; he visto a gente hablar de su desdicha con razón pero que jamás lo han emitido en tono de queja castigadora a su interlocutor, por lo que me he sentido empatizada y aleccionada por su actitud, además de proporcionarme la posición necesaria para consolarla; y he visto personas que castigan con sus quejas (al margen que estén o no justificadas)continuas y provocadoras, que han hecho que se destruyera el amor incondicional que se le procesaba. Por eso, me lo pienso siempre ,antes de quejarme ,dos veces, pues se que de alguna manera me intoxico y atraigo más motivos de quejas. Pero no se cómo hacer entender este principio a los que se quejan tanto.Quizás no sea mi tarea.




