SANTOS Y DIFUNTOS

Cómo he odiado siempre estos días!
Cuando era pequeña recuerdo la estampa de mi madre haciendo la comida y habiendo prendido lamparillas de aceite que ponía sobre la encimera de la cocina.
No entendía nada claro. Pero tenía la sensación de que eran unos días lúgubres y tristes, en los que la gente se acordaba de sus muertos. En mi casa no teníamos la costumbre de ir al cementerio a limpiar las lápidas y llevar flores ; quizás era porque el tema de la muerte era un tema que nadie tocaba, era casi tabú.
Dos años después de nacer yo, mi hermano mayor murió en un trágico accidente poco común, mis padres quedaron destrozados y a mi hermana diez años mayor que yo esto le marcó para toda la vida. A mi padre le resultaba muy doloroso hablar del tema, de hecho, no se hablaba, solo una de mis tías y a escondidas en esas fechas nos contaba cosas a mi, y a mis otros dos hermanos pequeños que nacieron después de este suceso; mi hermana mayor aprovechaba que no estaban mis padres y bajaba una maleta que se guardaba en el maletero con las cosas de mi hermano, que mirábamos como tesoros mientras nos contaban cosas de él. Todo era misterioso, trágico y doloroso, entonces comprendí por qué mi madre encendía las lamparillas.
Las ironías de la vida me llevó a vivir el acontecimiento de la muerte de mi padre para enfrentarme a ello.
Mi padre que se negaba a hablarme de la muerte expiró en mis brazos para hacerme comprender que es parte de la vida, para enseñarme que estuve con él ayudándole a partir para siempre y compartí su trance para entender que se acabó su sufrimiento y lo que venía a hacer en esta vida, pero partió rodeado de sus seres queridos.
Pude sentir como si su cuerpo se hinchara para salir y después con la exhalación lo abandonara. Yo no podía soltar su mano, no quería dejarlo ir aunque sabía que era el momento.
Vi la muerte en su rostro y en el dolor de todos los que estábamos alrededor de su cama, el silencio era como la guadaña…después el vacio…
Ahora puedo hablar de ello con serenidad solo con la tristeza de mi egoísmo porque no le tengo más que en mi corazón pero sabiendo que ha marchado en paz y ha descansado.
Ahora soy yo quien prende una velita para recordarle a él y a otros seres queridos que se han marchado, pero no en el día de los difuntos si no en el que era la fecha de su cumpleaños y en el de su partida.
Después nos invadió hallowed y con los niños había que vivirlo a lo anglosajón como marcaban las nuevas modas sociales en los colegios y que nos imponía el marketing que venía desde fuera.
Lo que más me fastidia de estos días es que desde hace más de veinte días no se puede comprar flores,(cosa que tengo por costumbre, tener flores frescas en casa hasta que llega el calor y tengo la suerte de que me las trae todos los sábados mi pareja),o son crisantemos o están tan caras que es una estafa. Así que hay que esperar que pase noviembre y empezar con la flor de pascua para alegrar nuestra vista.
Volviendo a estas fechas tan señaladas no hay que olvidar que da lugar, sobre todo en los pueblos, a que las vecinas se reencuentren mientras abrillantan el mármol y los dorados y se pongan al día de lo acaecido en un año. Son costumbres que siguen vigentes y que los que nos hemos criado en grandes ciudades no hemos conocido.
Tenemos un día para los Santos mártires y otro para los difuntos. Claro que todos los santos son difuntos pero todos los difuntos no son santos!
Con lo miedosa que he sido siempre no me gusta todo lo que rodea este tema, el terror con que se nos impone, y no nos deja ver la muerte como parte de la vida.
Este año, además podemos ponernos en situación yendo al cine a ver “el orfanato”, que todo el mundo halaga por ser una buena película pero, yo no creo que pueda ir, las películas de miedo, me dan mucho, pero que mucho miedo.
Y vosotros?:truco o trato?.







www-lacoctelera-com-inaki dijo
Ayer mismo vi el arco iris. Tenías razón. Tu padre me sonrió. En este espacio no cabe el pedazo de beso que te mando.
Iñakito.
P.D. Flores frescas en casa. Me encantan.
1 Noviembre 2007 | 06:46 AM